7ma Prioridad de la ICM en materia de Salud y Seguridad

Debe aumentarse la protección de trabajadores vulnerables y atípicos

Hay un gran número de trabajadores(as) más vulnerables por una variedad de razones. Pueden necesitar protección adicional o diferente. Estos grupos incluyen a las trabajadoras, las mujeres embarazadas, los/las trabajadores jóvenes, los/las trabajadores mayores, los/las trabajadores migrantes, los/las trabajadores monoparentales y las personas con contratos a corto plazo.

A menudo los/las trabajadores migrantes no tienen conocimiento de sus derechos, no tienen contratos permanentes y tienen poco acceso a los sindicatos. A menudo también, los/las trabajadores vulnerables se ocultan de las autoridades reguladoras. La empresa tal vez no esté registrada y el empleador podría pagar a los trabajadores en efectivo. Puede no haber contratas escritos y, frecuentemente, los trabajadores efectúan largas horas y se les remunera por debajo del salario mínimo. La experiencia nos dice que los empleadores que ignoran la legislación en cuestiones de empleo, tienden a ignorar la legislación sobre la salud y la seguridad. Muy pocos de estos empleadores tienen algún tipo de sistema de seguridad establecido y es poco probable que informen sobre lesiones

Otros empleadores afirman que sus trabajadores son “por cuenta propia”, a pesar de trabajar para ellos a largo plazo. Esto puede ser por razones de derecho fiscal o laboral, pero muchos empleadores se niegan a asumir la responsabilidad de la seguridad de estas personas. Los trabajadores tienen que sufrir las consecuencias de una protección reducida, ya sea porque la ley es insuficiente o bien porque no se hace cumplir.

Los trabajadores jóvenes están particularmente en peligro debido a su falta de experiencia y, a veces, por un exceso de entusiasmo y confianza, o incluso la falta de audacia para negarse a realizar tareas peligrosas. Los trabajadores jóvenes necesitan una sólida formación y supervisión relacionadas con la prevención de lesiones y enfermedades

Algunos peligros afectan especialmente a las mujeres por el tipo de trabajo que realizan, y debido a la segregación de género en el lugar de trabajo. Por ejemplo, muchos de los trastornos músculoesqueléticos (dolor prolongado) son causados por el trabajo de ritmo intenso y rápido, repetitivo y monótono, posturas forzadas, movimientos de fuerza de las manos y las muñecas, la falta de descansos, equipamiento y puestos de trabajo insuficientes e inadecuados. Esto caracteriza el trabajo de las mujeres en el sector de la madera y la fabricación, en el que problemas de espalda, nuca, hombros, brazos, muñecas y manos son muy comunes, con daño a músculos, articulaciones, tendones y nervios. Estas lesiones son problemas de salud colectivos en el trabajo. A menudo se pasan por alto debido a que estas lesiones atribuyen a factores externos al trabajo, como el trabajo doméstico y el cuidado de los niños. Otros peligros son especialmente relevantes para las mujeres debido a las diferencias fisiológicas entre hombres y mujeres y, en particular, teniendo en cuenta la salud reproductiva de las mujeres. Por ejemplo, la exposición a productos químicos en el trabajo. Algunas sustancias de uso común pueden afectar la fertilidad o bien pueden atravesar fácilmente la placenta y afectar directamente al feto y algunos causan abortos involuntarios o malformaciones. Sustancias causantes de cáncer también son mutágenos. Esto significa que dañan nuestro material genético y pueden causar infertilidad o malformaciones en el feto. Ejemplos de ello son los pesticidas utilizados en tratamientos de la madera y disolventes orgánicos contenidos en los barnices, lacas, pinturas y en la mayoría de los tipos de acabados en madera. Sustancias como solventes y pesticidas también afectan el sistema nervioso central y causan problemas en la piel y problemas respiratorios, así como daños a largo plazo a órganos como el hígado y los riñones. La dermatitis es dos veces más común en mujeres que en hombres, en gran parte debido a su mayor exposición a disolventes, detergentes y agua en el trabajo y en casa. Las mujeres tienen más grasa en el cuerpo que los hombres, y las sustancias químicas pueden ser absorbidas y almacenadas en esta capa de grasa, por lo que el riesgo para la mujer es de mayor intensidad y duración. Los límites de exposición a las sustancias químicas en el trabajo se calculan para el trabajador «promedio». Es decir, un hombre joven en forma y sano. En todo caso, no son límites basados en la salud, pero son niveles de exposición peligrosos para las mujeres. Para más información, consulte el sitio web de la ICM «Mujeres, Trabajo y Salud».

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